Pequeños productores en los grandes mercados

El comercio justo cada vez cobra más fuerza como alternativa al comercio tradicional. Permite a los consumidores conocer el verdadero origen de los productos y ayuda a que los pequeños empresarios puedan exportar hacia los grandes destinos internacionales.

Por Javiera Hernández Rauld / Fotografías Marcela González Guillén / Vía cityen.cl

El boom ecológico ha provocado que cada vez más personas prefieran comprar productos orgánicos, más puros en su manufactura o que -al menos- especifiquen todos los materiales -o ingredientes- que se usaron en su fabricación. Una tendencia que comenzó con el fin de aminorar el daño al medio ambiente y la salud, pero que, al mismo tiempo, ha terminado por favorecer al comercio conocido como “justo”. Éste es un tipo de negocio paralelo a la tradicional forma de regular el mercado donde, además de la oferta y la demanda, otra serie de factores se suman para determinan el precio de un artículo.

 

Fair Trade (comercio justo), como se le conoce internacionalmente, promueve una relación voluntaria y justa entre fabricantes y consumidores para solucionar el problema de que los primeros reciben una porción mínima del precio final con que se venden sus productos. De esta manera, está orientado a un desarrollo integral que, aparte del pago de un precio justo, busca la sustentabilidad social y ambiental, respetando la cultura y los derechos humanos básicos de quienes fabrican. Para ello intenta regular toda la cadena de producción bajo estándares éticos.

Actualmente es promovido por varias entidades no gubernamentales y cooperativas de productores, entre ellas la ONU (Organización de las Naciones Unidas), y otros movimientos ciudadanos seguidores del pacifismo y el ecologismo como WFTO (World Fair TradeOrganization).

En Chile funcionan tres instituciones de origen internacional que se dedican a certificar a productores u organismos intermediarios, como WFTO, FLO e IMO (de Fair for Life), que cumplan con los estándares exigidos. Cada una ofrece un precio distinto por certificarse, pero luego de un par de meses se obtiene un sello que dura para toda la vida siempre que el productor demuestre en las variadas fiscalizaciones, que sigue cumpliendo con los estándares del comercio justo.

Certificaciones: el ticket de entrada

¿Qué lleva a una empresa a querer certificarse en comercio justo? La respuesta está en los beneficios que se consiguen tanto en utilidades como en fidelizar a los consumidores con la marca.

Por un lado, la fijación de un precio justo para un producto, hace que éste se venda a un valor mucho más equilibrado que el normal. Además, el comercio justo pretende cortar la cadena por la que pasa un producto desde que se fabrica hasta que se vende a su consumidor final, por lo que ahora sólo interviene el productor, la organización acreditadora y la comercializadora externa. Entonces, las utilidades llegan de forma más directa al fabricante.

La marca crea una fortaleza que irá creciendo a largo plazo, en una sociedad que cada vez valora más el sano origen de lo que compra. Esto genera  confianza y aumenta la clientela, abriendo más posibilidades de llegar a públicos a los que antes no se accedía.

Esto último lleva a un tercer beneficio: para un producto garantizado de comercio justo es mucho más fácil aprobar todas las evaluaciones por las que debe pasar cualquier artículo antes de obtener el permiso para ser exportado. Con lo que permite que un pequeño productor que jamás pensó en exportar logre hacerlo gracias a este sello.

Ahora, para poder comercializar bajo estas leyes, primero hay que estar acreditado por una de las organizaciones reconocidas internacionalmente. De esta manera, los productores pasan a ser miembros de una red que les abre mercado, les ayuda a diseñar productos de calidad y -sobre todo- les exige mantener ciertos estándares en su modo de producción.

FLO, una de ellas, define la certificación de comercio justo como “la garantía por escrito, dada por una agencia certificadora independiente, que asegura que el proceso de producción o el producto cumplen ciertos requisitos establecidos por diferentes sistemas de certificación”. Por lo tanto, una acreditación de comercio justo es un sistema de validación de procedimientos, que supone que una empresa o cooperativa lleva a cabo los 10 estándares (ver recuadro) requeridos para obtenerla.

Hay que tener en cuenta que conseguir este sello solamente es útil para los emprendimientos que prevén que podrán cumplir con esos requisitos y cada certificación cuenta con sus propios indicadores para evaluar a cada entidad según su caso particular.

En resumen, los beneficios que los productores consiguen al acreditarse son: aportar un valor agregado a su producto y, por ende, una diferenciación con la competencia; una mayor ganancia monetaria por artículo, la apertura a la exportación y calidad de vida a largo plazo, tanto para su firma como para sus trabajadores.

Los distintos tipos de certificación

Existen diversas clases de certificación según su enfoque, es decir, a quién o qué es lo que acreditan.

WFTO (World Fair Trade Organization)

Es la Organización Mundial del Comercio Justo y se limita a certificar organismos que apoyan a pequeños productores que no son capaces de exportar por sus propios medios. Estas instituciones son las que deben demostrar su compromiso cumpliendo los 10 principios definidos por WFTO. A su vez, deben capacitar y hacer que los productores a quienes apoyan también hagan modificaciones para comprometerse con los estándares exigidos. El beneficio que consigue la organización con esto, es convertirse en una empresa exportadora con porcentajes de ganancias por cada producto que logra posicionar en el extranjero.

Ahora bien, si en algún momento una marca crece tanto que llega a necesitar más mercado del que le ofrece la organización patrocinadora, le convendrá buscar una certificación propia a través de otros sellos. Los productos que privilegia la WFTO son los que caben en los rubros de la alimentación y la artesanía.

Según Gerardo Wijnant, gerente general de la firma Comparte, el primer intermediario en acreditarse a través de WFTO en Chile fue esta empresa comercializadora de artículos artesanales exportables (artesanías y productos gourmet) y que, con 23 años de experiencia, ya exporta millones de pesos a EE.UU. y Europa, en ventas al por mayor y por menor. Productos como la greda de Pomaire, se han hecho populares en el mundo gracias a ellos.

Al estar acreditado, se puede saber quiénes son los productores que proveen de artículos a Comparte, cuánto le pagan éstos a sus trabajadores, cómo se definen los precios de su oferta y el margen con que se queda la firma finalmente, entre otras cosas.

La tendencia de que los importadores de comercio justo estén en los países más desarrollados y los exportadores provengan del tercer mundo, está mutando. Ya que muchas de estas organizaciones han comenzado a comercializar dentro de sus propias naciones. Ejemplos de ello son Comparte y Calypso. Ésta última, además de exportar, abrió una tienda en el aeropuerto de Santiago, donde vende directamente su joyería en vidrio.

FLO (Fairtrade Labelling Organizations International) 

Entrega un sello a productores o cooperativas de productores de commodities, específicamente que cultiven bienes alimenticios de gran volumen, como el café.

El papel que cumple FLO es otorgarle un sello al 10% restante de productores que no alcanza a ser exportado, para que puedan ser comercializados en otros destinos más específicos como supermercados en Europa y EE.UU. que no son Fair Trade, pero que sí valoran tener productos acreditados de comercio justo en sus vitrinas.

En el mundo existe una lista acotada de este tipo de elementos, que incluye al café, el algodón, el cacao, el plátano, el azúcar y otros alimentos masivos y necesarios como éstos. Por ejemplo, el merkén no cabe en este listado porque no hay tantos empresarios como para que las organizaciones Fair Trade no puedan comercializarlo por su cuenta. Esta realidad cambiaría si este condimento se volviera masivo, altamente cultivado en el planeta y alguien contactara a FLO, demostrándole que no es la única firma de este tipo de especia, sino que son varias.

Esto provoca que esta certificación sea una de las más caras, debido a que cada vez que ingresa un producto nuevo, hay que crear normas específicas para él. No son las mismas reglas para la uva, la miel o el café.

Hoy en día FLO no está formalmente establecida en Chile, sino que hace presencia a través de un oficial de enlace presente en el país, que mantiene conectados a los emprendedores locales con la oficina en Bonn, Alemania. “Hasta la fecha existen 30 organizaciones certificadas en comercio justo (a través de FLO), con productos como uva para vino y de mesa, miel, manzanas, pasas, nueces, arándanos, paltas y un proyecto piloto de madera”, cuenta Ingrid Allende, representase del sello.

El beneficio específico que obtiene un empresario por estar acreditado con esta organización, es la participación directa, a través de un comité, en la toma de decisiones en la Junta Directiva de FLO. Así pueden influir en los precios justos de los artículos, la definición del destino de las primas, las normas y la estrategia global. Para que esto se lleve a cabo exitosamente, FLO exige que los pequeños grupos de emprendedores tengan una estructura democrática y transparente.

IMO (Institute of Marketology) de Fair for Life  

“Nosotros nos enfocamos en la agricultura, la manufactura, el turismo y la minería, es decir, se puede certificar todo. Aunque nuestro énfasis está en los productos cosméticos, agrícolas y textiles”, afirma Henrich Neisskenwirth, socio y gerente de IMO Chile S.A, compañía filial del Grupo Internacional IMO.

IMO cubre un rango mucho más amplio, ya que certifica a negocios y pequeños empresarios que tienen productos orgánicos de comercio justo o que hacen RSE. Por ejemplo, aquí una firma de merkén podría obtener la certificación, o una pequeña cooperativa de productores de vino que no quieren certificarse con FLO, porque les resultaría más caro. Entonces, más que el producto, les interesa la estructura del empresario. Eso sí, éste debe tener la capacidad de comercializar al exterior por sí mismo.

Institute of Marketology Chile S.A (IMO Chile) es una empresa privada chilena, filial de Grupo Internacional IMO, una agencia que nació enfocada a ofrecer servicios especializados de control de calidad y certificación de productos orgánicos y amigables con el medio ambiente. Luego, como efecto dominó, terminó llegando a certificar también productos de comercio justo, debido a su estrecha relación.

En Chile, IMO ya lleva más de una década y existen más de 30 instituciones certificadas. Entre ellas, la Viña Emiliana y la Asociación Civil Interrupción (Green Tribe Santiago, Chile), productora de arándanos, kiwis y frambuesas.

Su sello también se rige por los mismos estándares de la WFTO, pero agrega como extra que la entidad acreditada termina cumpliendo las exigencias laborales locales e internacionales.

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Para conocer sobre Comercio Justo, Productores y Productos puedes visitar los siguientes enlaces:

La pagina de World Fair Trade Organization WFTO- www.wfto.com

La pagina de la sede regional América Latina de WFTO (Organización Mundial del Comercio Justo)- www.wfto-la.org

La pagina de Fairtrade Labelling Organizations International FLO- www.fairtrade.net

La pagina de Fair for Life esquema de certificación que IMO audita- www.fairforlife.net